“Identidad” en protección

Prudent era una chica que vivía en un hermoso poblado. Tenía en él un terreno con una bonita casa, que ella misma, con ayuda de otros, había construido con esmero.

El jardín estaba bien cuidado también, el césped era cortado con periodicidad, eran quitadas las malas hierbas que en él iban creciendo.

Sucedió, en varias ocasiones, que ese precioso jardín tan cuidado fue dañado por los visitantes, vecinos del poblado, que Prudent había invitado con el deseo de compartir su terreno y disfrutar de la compañía mutua.

En su decepción, Prudent se enfadó… ya que aquella gente – que ella había permitido entrar en su terreno con algunas veces ilusión, otras deseo de compartir su intimidad con algún otro – habían decepcionado sus esperanzas y habían dejado su íntimo lugar hecho un desastre… Ella se sintió invadida, sintió como si hubiesen violado su más íntima privacidad, su cálido hogar.

Ella decidió cerrar las puertas de su terreno. Ya no quería, de ahora en adelante, invitar a nadie a su hogar, sino que se relacionaría con los otros fuera de su terreno, que era nombrado en la placa de la entrada como “identidad”.

Pasó mucho tiempo arreglando su terreno estropeado, fortaleció el vallado que limitaba su parcela y se empeñó en construir la casa según le iban surgiendo deseos…

Cuando todo lo tuvo arreglado y construido, ella sintió una amplia satisfacción… aunque no podía evitar sentir cierta angustia y frustración.

Durante el tiempo que pasó relacionándose fuera de “identidad” y arreglando dicha parcela, hubieron muchos que picaban a las puertas de “identidad” de Prudent… a lo que ella enseguida respondía “enseguida salgo”…

Muchos de ellos quisieron colaborar en los arreglos del jardín y la construcción de la casa, pero ella siempre se negó.

Pasado mucho tiempo, persistía en ella la satisfacción de tener su lugar salvaguardado del peligro ajeno, pero continuaba en ella el afán de construir y construir, ya que siempre sentía que algo faltaba, pues continuaba en ella la angustia y frustración.

En un amanecer, en el que Prudent había pasado en vela sin poder dormir, ella angustiada, cansada ya de aquel lugar tan bien cuidado y protegido, pensó en destruirlo…

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