Hoy he entrado en una librería de múltiple temática religiosa. En ella había multitud de libros, y dos hombres conversando. Uno de ellos era el librero, el otro un cliente. Me ha llamado la atención el tema de conversación, y me ha producido tristeza.
El librero venía a decirle al cliente que no debía despreciar ningún tipo de religión, es decir, que si deseaba alcanzar sabiduría debía nutrirse de todo tipo de saber. El argumento que le ha dado, es lo que filosóficamente se entiende por Religión.
Religión, según la corriente filosófica, tiene el significado de re-ligar. Cuestión que me parece realmente dificultosa, por no decir imposible, teniendo en cuenta que las diferentes creencias y tesis filosóficas tienen grandes contradicciones entre ellas. Por lo que para re-ligar, se podría decir que primero vamos a re-liarnos, para que ese nudo de confusión y contradicciones -frente a tal problema metafísico que supera toda capacidad humana, re-ligar la verdad del ser humano, la existencia de dios o dioses, y el conocimiento de éste o estos-, suponga un gran ejercicio de investigación.
La conversación estaba llena de sarcasmo, de cinismo, por parte del librero hacia el cliente, que parecía asentir todo lo que el librero le “enseñaba”. El librero, en posición de maestro docto, le daba a conocer los materiales que le iban a aportar la sabiduría necesaria para alcanzar eso que quizás todo ser humano anhela, “el ser como dioses”.
La conversación entre ambos ha seguido su hilo, y en un momento dado, “el maestro” o “vendedor del saber”, le ha enseñado unas biblias. Primeramente le ha enseñado una Biblia bastante sencilla, a la que el cliente no ha prestado demasiada atención. Pero más adelante le ha enseñado una “Edición de lujo”, lo que parecía ser “una edición para doctos”, la cual ha creado una fuerte impresión en el cliente. El vendedor trataba las Escrituras como algo necesario para alcanzar ese fantasioso o fantástico clímax zen del conocimiento. Era necesario adquirir el saber de religiones como el cristianismo católico, el protestante, el agnóstico, la sabiduría india, la sabiduría oriental, el budismo, la psicología, los astros, y un larguísimo etcétera.
A todo esto, yo me preguntaba, cómo sería posible compaginar el cristianismo con las demás re-ligiones… ¿Cómo es posible compaginar lo que dice Cristo con lo que dicen los otros? Si Cristo dijo: “Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre sino por mí.” (Juan 14:6), ¿cómo es posible asentir esto, y a la vez pensar que el camino es nutrirse de filosofías que se contradicen unas a otras? ¿Cómo es posible asentir X y a la vez asentir algo que contradiga X?
Mateo 11: 25-26: En aquel tiempo, hablando Jesús, dijo: “Te alabo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque ocultaste estas cosas a sabios e inteligentes, y las revelaste a los niños. Sí, Padre, porque así fue de tu agrado.”
Jesús pronunció estas palabras, porque en los tiempos que vivió, los sabios, eruditos, fariseos y escribas, pensaban que con su saber adquirían la vida eterna, que con el conocimiento que poseían adquirían el favor de Dios. “Examináis las Escrituras porque vosotros pensáis que en ellas tenéis vida eterna; y ellas son las que dan testimonio de mí.” (Juan 5:39).
Allí está la cuestión, que las Escrituras o la Biblia, tienen el principal objetivo de señalarnos a Cristo, de hablarnos de Cristo y de darnos a conocer a Dios revelado por Cristo.
Dios no se ha limitado en escribirnos una simple carta, diciéndonos que creyéramos en Él como quien da una orden directa y simple. Sino que ha dado a todo su debido tiempo, y hoy podemos contar con un libro de libros que tiene un hilo conductor, que es Cristo. La fe tiene argumentos, aunque no todo en la fe es argumentable. En la fe hay muchas cosas que superan nuestro entendimiento, por el simple hecho de que fue Dios quien creó las leyes naturales a las que nos vemos sometidos, pero no por eso su Ser está sujeto a ellas. Entendemos según lo que conocemos vivencialmente, y por ese motivo el Hijo de Dios ha sido encarnado y Dios se ha mostrado al ser humano de éste modo, y ha creado su vínculo con el ser humano en lo real de la humanidad. Dios no ha llevado a cabo el Evangelio en los cielos, sino en la tierra. Y demanda nuestra fe en este Evangelio que ha sido efectuado en la tierra misma que pisamos hoy. Así el creer o confiar en Él no es algo abstracto, sino algo real para el ser humano. Dios no desprecia el razonamiento humano, aunque Dios aborrezca el que la razón sea “el todo” para el ser humano.
Bajo mi punto de vista, no es negativo cuestionarse sobre los aspectos de la vida, preguntarse sobre Dios, sobre Cristo, sobre la realidad del Evangelio, ni sobre otros puntos de vista, pues en cierta manera, es lo que Dios espera de nosotros al enviar a su Hijo, enfrentarnos con la realidad de su Ser, de su Persona, de su Existencia, y de su Amor por cada ser humano.
No quiero decir con esto, que para creer en Cristo sea necesario debatir con las diferentes posturas religiosas o filosóficas. Pues a Dios le ha placido un Evangelio accesible para toda persona, y no es necesario el conocimiento para hallar la perla que está escondida en el Evangelio: Jesús hombre; mediador entre Dios y los hombres; justicia del ser humano imputada por el sacrificio que fue predestinado desde antes de la creación de todas las cosas. Y para creer esto no es necesaria la erudición ni el conocimiento, sino entenderlo con el corazón, dejar que penetre en las entrañas lo que esto significa, observar aquí la esencia del Ser de Dios y su amor por nosotros.
1 Tesalonicenses 5:21: Antes bien, examinadlo todo cuidadosamente, retened lo bueno.
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